- La jornada desbordó las previsiones, dio voz desde el escenario a colectivos ambientales, vecinales y sociales y recaudó fondos para sostener la defensa jurídica del territorio.
Desde el mediodía hasta el cierre, la Finca de Rosequillo, en La Concha de Villaescusa, recibió un flujo continuo de público que obligó a la organización a reponer las existencias de comida y bebida a medida que se agotaban. La estimación provisional de Son Gigantes sitúa la afluencia acumulada por encima de las 2.000 personas, aunque la ausencia de un control de accesos impide fijar una cifra exacta y el total pudo ser aún mayor.
Durante más de once horas, música, teatro, propuestas familiares, artesanía y producción local compartieron espacio con las voces de quienes trabajan frente a distintos proyectos industriales, energéticos y urbanísticos con impacto ambiental y territorial. La romería no utilizó la reivindicación como telón de fondo: la situó en el centro de la jornada y la acercó a una audiencia mucho más amplia que la habitual en reuniones vecinales, actos especializados o procedimientos administrativos.
Un escenario para los conflictos que apenas encuentran espacio
Entre las actuaciones, los colectivos participantes tomaron el micrófono para explicar ante el público los motivos de su presencia en Rosequillo, los problemas que afectan a sus territorios y el trabajo que desarrollan para hacerles frente. Participaron, entre otros, STOP Macro-eólicas Sur de Cantabria, Colectivos Vecinales en Defensa del Territorio, la Asamblea Abierta de Piélagos, Stop Biogas Karrantza Bizirik, el Sindicato de Vivienda de Cantabria y la Asociación Stop Macroplanta.
Los colectivos agradecieron a Son Gigantes la posibilidad de exponer su trabajo ante una audiencia tan amplia. Entre el público hubo también personas llegadas de otras comunidades autónomas, como Madrid y el País Vasco, que mostraron interés y preocupación al reconocer problemas similares en sus propios territorios. La romería permitió que conflictos que con frecuencia quedan confinados a expedientes administrativos, reuniones vecinales o actos especializados llegaran a un público más diverso.
La cultura no fue el decorado
La música fue cambiando el pulso de Rosequillo a lo largo de la jornada. El público cantó con Mario San Miguel; hubo momentos de escucha más íntima con Sara Puaj DJ, Chebú, Álvaro Fombellida, Álex Porras, ConchaJuana y Javi Lost, y otros en los que la finca entera pareció ponerse en movimiento con Pindio Rural, Iguña Ceilidh Band, La Mala Hierba, Soltxu y compañía, Casapalma y DJ Aitor. Durante el concierto de Quique González, cientos de voces convirtieron sus canciones en un coro compartido. Y ya de noche, Casapalma protagonizó uno de los momentos más desbordantes de la romería: incluso sin iluminación escénica, el público continuó bailando y mantuvo encendido el concierto.
La programación incluyó también el espectáculo de clown Lulú, de Vera Marina; el cuentacuentos de Nahúm Cobo del Barrio y la propuesta teatral de Antonio Manrique. Cientos de niños y niñas, acompañados por sus familias, disfrutaron de estas actividades a la sombra de los árboles de Rosequillo. La sucesión de canciones, relatos, baile y propuestas familiares convirtió el escenario en algo más que un lugar de exhibición: fue un espacio compartido en el que la cultura ayudó a convocar, escuchar y hacer visible la defensa del territorio.
Los artistas también pusieron palabras al sentido de su participación. Álex Porras agradeció al colectivo Son Gigantes su labor, que calificó de «vital y necesaria», y afirmó que colaborar era «lo mínimo» que, como artista, podía hacer.
Durante su concierto, Quique González afirmó que cree en la comunidad y en lo colectivo, al que se refirió como «la única herramienta que tenemos». Tras una actuación coreada por el público, señaló que la jornada había sido una demostración de que «lo colectivo funciona».
Antes de la convocatoria, Alejandro Isidro, portavoz de Colectivos Vecinales en Defensa del Territorio, había explicado que la romería pretendía mostrar que «en el medio rural no solo se resiste, sino que se construye y se crea arte frente a la industrialización de los montes».
La respuesta de Rosequillo convirtió esa idea en una imagen concreta: familias, músicos, productores, artesanos, plataformas ciudadanas, vecinas y vecinos compartiendo un mismo espacio de información, celebración y apoyo mutuo. La cultura no actuó como un reclamo separado del contenido de la jornada, sino como una forma de convocar, escuchar, sumar apoyos y ampliar la comunidad que sostiene la defensa del territorio.
Un fondo para sostener la defensa jurídica
La jornada dejó además un fondo económico que se destinará a sufragar honorarios de abogados y otros gastos derivados de los procedimientos judiciales emprendidos en defensa del territorio, a través de Colectivos Vecinales en Defensa del Territorio. La recaudación procedió de la barra, las aportaciones voluntarias y la venta solidaria de camisetas y otros materiales.
El seguimiento administrativo, el análisis de los proyectos, la elaboración de alegaciones, la labor informativa y la movilización ciudadana se sostienen mediante trabajo voluntario. La vía judicial, sin embargo, exige recursos para contratar asistencia letrada y afrontar procesos que pueden prolongarse durante años.
Ese apoyo económico cobra especial importancia en un contexto en el que Colectivos Vecinales en Defensa del Territorio cifra en 18 los proyectos eólicos actualmente en tramitación en Cantabria y sitúa el frente de mayor presión en el centro-sur de la comunidad.
Las plataformas cuestionan un modelo de implantación sin una planificación territorial integral, decidido sin una participación efectiva de las comunidades afectadas y evaluado mediante proyectos aislados, lo que dificulta valorar sus efectos acumulados sobre el agua, el suelo, la biodiversidad, la ganadería y el paisaje. La jornada volvió a situar en el centro una cuestión decisiva: cómo planificar la transición energética con justicia territorial, incorporando el conocimiento local y sin convertir el medio rural en una zona de sacrificio al servicio de decisiones tomadas desde lejos.
Una petición repetida: que Rosequillo vuelva a celebrarse
Entre las personas asistentes se repitió la propuesta de dar continuidad a la romería. La petición nació del disfrute de la jornada, pero también de una constatación menos festiva: mientras sigan abiertos numerosos proyectos con incidencia ambiental y territorial, continuarán siendo necesarios espacios capaces de reunir información, organización, recursos y comunidad.
La romería recuperó la dimensión festiva de la Feria de Energía y Territorio celebrada en mayo bajo techo, después de que la lluvia obligara a aplazar la programación exterior. Entonces participaron más de un centenar de personas. Tres meses después, Rosequillo multiplicó aquella respuesta y mostró la capacidad de una convocatoria levantada desde el trabajo colectivo.
Son Gigantes agradece especialmente al Ayuntamiento de Villaescusa su apoyo y colaboración, así como la implicación de artistas, colectivos, artesanos, productores, personas voluntarias, vecinas y vecinos, cuyo trabajo hizo posible la jornada. El agradecimiento se extiende también a quienes acudieron desde distintos puntos de Cantabria y de otras comunidades y convirtieron la finca en un lugar de escucha, conversación y celebración compartida. Rosequillo fue posible gracias a esa suma de esfuerzos: muchas personas distintas sosteniendo una misma voluntad de encuentro y defensa del territorio.
Rosequillo no borró el conflicto que hizo necesaria la romería. Lo hizo visible, lo compartió y reunió recursos para sostener su defensa. Durante un día, la música, la información y la defensa jurídica dejaron de circular por separado. Como resumió Quique González desde el escenario, la jornada demostró que «lo colectivo funciona».





