Hola, mis queridos todos. Un placer, como siempre, estar aquí, saludaros y acompañaros en Los Cántabros. Estamos en el programa 3210, en plena cuenta atrás de la historia de este espacio que, después de 30 años y 30 temporadas ininterrumpidas, se prepara para decir adiós definitivamente. Un número redondo, casi simbólico, que resume miles de horas de radio, de historias compartidas y de un compromiso firme con Cantabria.
Durante estas tres décadas hemos intentado, con honestidad, cariño e intensidad, vivir Cantabria y difundir sus tradiciones, su cultura y su identidad. Ese ha sido siempre el ABC del programa. ¿Lo hemos hecho perfecto? Seguramente no; siempre se puede hacer mejor. Pero sí podemos decir que lo hemos hecho con el corazón, con la entrega de quien ama profundamente esta tierra y este oficio.
¿Por qué llega ahora el final? Porque nadie trabaja toda la vida, y a un servidor le ha llegado el momento de parar y descansar. Esta temporada será la última. Podríamos haber iniciado la número 31, pero no habría podido concluirla: en mayo de 2027 me jubilo definitivamente de los micrófonos, después de unos 40 años en antena. Y no hay tristeza en ello. Cuando uno ha sido feliz haciendo lo que siempre soñó, la despedida no es un trauma: es un cierre sereno, agradecido y lleno de orgullo.
Nos vamos despidiendo poco a poco, con la esperanza de que alguien tome el testigo y continúe esta labor de divulgar quiénes somos, de presumir de Cantabria, de contar nuestras historias y nuestras raíces. A quienes ya lo hacen, nuestro aplauso. A quienes lo harán, nuestro ánimo. Nosotros lo hemos hecho durante 30 años, encantados de la vida. Pero ahora toca bajar el telón.
Los Cántabros llega a su final. Y lo hace con la misma emoción con la que empezó: abrazándoos a todos los que habéis estado ahí, programa tras programa, sosteniendo esta voz que siempre quiso ser la voz de un pueblo.





